Me despierto y no quiero darme cuenta, en realidad, de lo que ocurre fuera de mi casa. Después de tomarme el café de todas las mañanas, me lavo la cara y miro por la ventana. Siguen ahí, con su actitud chulesca. Con sus uniformes, azul marino, su gorra de plato y esa bandera que tantos litros de sangre ha derramado, mientras apoyan su mano en el subfusil. Con esos aires de supremacía que el pueblo jamás les ha otorgado. Gesticulo con desprecio hacia ellos, pero no me ven.
En la televisión no se ven más que absurdos debates políticos que, realmente, no son debates. El STVN, o Sistema de Televisión Nacional, es la única cadena que permiten que emita desde Madrid. Hace años que se abolió lo que hoy conocemos como “Estado de las Autonomías”, en este desalentador futuro cercano, impera la ley de la “España una y no cincuenta y una”. El conflicto de Euskal Herria estaba a un paso de solucionarse, pero la ceguera política de los españolistas más recalcitrantes produjo, no solo que ETA continuase su campaña de lucha armada, sino que volviese todo el apoyo popular, tanto dentro como fuera de España, del que gozaban en tiempos pasados (1965-1985). Un mal día del mes de septiembre del año 2023, un grupo de militares entró por la fuerza en el Congreso de los Diputados, reteniendo a todos los diputados protagonistas de esta farsa de democracia. Un anciano Mariano Rajoy, otrora presidente de uno de los últimos gobiernos de la monarquía parlamentaria, se dispone a colaborar con los golpistas. El pueblo no sale a la calle, no dice nada, tiene miedo de las represalias.
Un maduro Felipe de Borbón, ya conocido internacionalmente como Felipe VI, Rey de España, aparece en el STVN junto a su esposa, la Reina Letizia, y sus hijas, las princesas Leonor y Sofía de Borbón-Ortiz. El rey Felipe lo explica así: “Dada la actual situación de inestabilidad política internacional, que sin duda, ha repercutido en nuestra gloriosa Patria, he decidido otorgar plenos poderes para formar gobierno al teniente coronel Jesús Roldán Pagudo, veterano militar que defendió nuestra sacra bandera contra los enemigos de la moral en tierras lejanas como Libia o Afganistán. Por ello, amantísimo pueblo español, declaro disuelto el Congreso de los Diputados, que de ahora en adelante pasará a ser la sala de los plenarios de las Reales Cortes de España. Españoles todos: es el momento de renunciar a ciertos derechos para preservar la grandeza y la paz de nuestra querida nación. ¡Viva España! ¡Muera el enemigo!”
Cabe destacar que tan “magnánima” decisión tomada por el rey Felipe no era la primera de este tipo en Europa. En países como Francia, Rusia o Italia ya existían de facto unos regímenes autoritarios, camuflados de democráticos, que bajo la corrupción extrema y el populismo, hacían y deshacían a su antojo. En Rusia ya ascendían a más de 2.000 los comunistas presos, en Francia se investigaba la muerte en extrañas circunstancias de 720 sindicalistas en menos de un año, y en países como Italia o Alemania se sucedían las huelgas generales casi una vez por semana, mientras gobiernos socialdemócratas continuaban llevando al pueblo a la muerte y la ruina.
La situación internacional era de tal gravedad que el pueblo se alzó en armas. Se alzó en armas en Madrid, en París, en Berlín, en Moscú, en Roma y en Atenas. Europa se levantaba, de nuevo, contra la tiranía. Y esta vez establecerían la única tiranía posible: la tiranía del pueblo, la de los oprimidos, contra la minoría parasitaria que sometía a la mayoría. Se instalaría en Europa, para siempre, el sistema más democrático jamás ideado por el hombre: la dictadura del proletariado. Y tras Europa, el mundo entero. Antes del año 2100, la sociedad comunista; la sociedad sin clases y sin Estado, era una realidad. La República Socialista Mundial echaba a andar.