Cada desilusión y desengaño me empudega más el cardio. Nunca un centenar de kilómetros habían sido tan largos, pues un mundo hay entre Málaga y Granada, y ahora lo sé. ¿Qué soy? ¿Un juguete roto? ¿O quizá un fallido experimento psicológico/psiquiátrico? Mi corazón vuelve a estar fragmentado, y aunque es de velcro, no puedo evitar sentir dolor y amargura. No tengo fuerzas ni para escribir, solo para consumirme en mi llanto y mi pena, al menos de momento.
Advertisement