Pongamos que se llamaba Marlene, aunque no es verdad. Conocí a Marlene en mayo del 2008 y nos separaban una miríada de kilómetros. Pero fue algo muy extraño, demasiado dulce. Fue una maestra para mí, como la sustancia química que hace a los capullos salir de su crisálida. Aunque, a decir verdad, de aquella fue cuando más capullo empecé a volverme. Pero eso no viene a cuento.
Éramos totalmente incompatibles, discutíamos hasta por el color del cielo, pero nos queríamos. Yo la quería y ella a mi, aunque fuese mucho mayor que yo. Era un sentimiento inexplicable, sus ojos me embrujaron. Ya he hablado de ello en otras entradas.
Necesito un desahogo.
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nadie se traga tus tonterías, a nadie le importa, intentas suplantar una identidad y no das ni una, das pena, estas enfermo y obsesivo, ve al psiquiatra, todos sabemos quien eres, y no precisamente quien dices o das a entender ser.
un saludo triste y abortivo intento de humano, y preparate que sabemos quien eres y donde vives…
¡Cuántos amiguitos tengo!